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La forma en que los jóvenes se relacionan en el entorno digital ha dado un vuelco radical tanto en el Perú como en el resto de Latinoamérica. El prestigio en redes sociales ya no se calcula mediante la simple acumulación de seguidores o de ‘me gusta’, sino a través de un concepto mucho más intuitivo y riguroso conocido como el ‘aura’.
Esta nueva tendencia cultural redefine por completo la presencia digital y advierte a las empresas que la rigidez corporativa representa el camino más rápido hacia la irrelevancia. El ‘aura’ opera como un sistema de reputación basado en la actitud, la serenidad y la confianza personal, elementos genuinos que no se pueden comprar ni pautar en plataformas populares como TikTok e Instagram.
El término, heredado directamente del universo gamer donde “farmear” significa acumular recursos o experiencia, se ha trasladado con fuerza a la cotidianidad de la Generación Z. ‘Farmear aura’ consiste en ejecutar acciones, gestos o decisiones con naturalidad y estilo para sumar respeto y validación social entre pares.
Lejos de buscar la ostentación de status, los jóvenes valoran la gracia en lo diario, mientras que forzar situaciones o aparentar desesperación por atenciones resta puntos de aura de inmediato. Este fenómeno refleja una transición profunda hacia la búsqueda activa de contenidos verdaderos, dejando atrás el consumo digital pasivo.
En un escenario regional marcado por la profunda desconfianza hacia las instituciones tradicionales —donde el 71% de los peruanos desconfía del sistema político—, las nuevas generaciones se refugian en microcomunidades cerradas y en la cultura de la nostalgia.
Para las empresas, intentar sumarse a estas tendencias mediante modismos forzados o posturas impersonales genera un rechazo rotundo conocido como ‘cringe‘.
Según Livia Gammardella, directora de marketing de LatAm Intersect, el consumidor actual no busca marcas perfectas, sino originalidad, soltura y pertenencia. El gran reto corporativo radica en abandonar la rigidez, apostar por la transparencia y demostrar que son reales antes que perfectos.