
El boxeo internacional se viste de luto tras confirmarse el fallecimiento del exboxeador puertorriqueño Prichard Colón a los 33 años de edad. Su partida marca el cierre de una dolorosa etapa que comenzó el 17 de octubre de 2015, cuando un fatídico combate en Virginia, Estados Unidos, cambió su vida de manera drástica.
Colón, quien llegaba invicto y era perfilado como una de las joyas más brillantes del boxeo caribeño, sufrió un colapso tras recibir repetidos golpes ilegales en la nuca —conocidos como ‘golpes de conejo’— por parte de su rival Terrel Williams.
Tras la pelea, presentó mareos, vómitos y un sangrado cerebral masivo que lo llevó a estar 221 días en estado de coma y le dejó lesiones neurológicas irreversibles.
Durante más de una década, Prichard permaneció bajo los cuidados abnegados de su madre, Nieves Colón, quien dedicó su vida entera a su rehabilitación y alimentación. A través de las redes sociales, su familia compartió el día a día del exdeportista, convirtiéndolo en un ejemplo de amor e incondicionalidad para millones de personas alrededor del mundo.
Pese a no poder hablar ni caminar por sus propios medios, el joven boricua continuó recibiendo terapias físicas e intervenciones quirúrgicas durante años para mejorar su calidad de vida.
La tragedia de Prichard Colón conmocionó tanto a la industria del deporte que las principales organizaciones de boxeo modificaron sus normativas de seguridad, y su historia se volvió viral en las redes sociales.
En su honor, el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) implementó la denominada “Regla Prichard Colón”, una estricta directiva que ordena a los árbitros descalificar o sancionar de manera inmediata a cualquier boxeador que ejecute golpes en la parte posterior de la cabeza, buscando evitar que otro atleta vuelva a sufrir un daño cerebral similar en el cuadrilátero.

