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La recordada Feria del Hogar fue durante décadas el epicentro del entretenimiento familiar en Lima, pero su historia también guarda capítulos oscuros.
Considerada el “Disney peruano”, el recinto albergó a las máximas figuras de la música latina en conciertos gratuitos, desde Héctor Lavoe hasta la joven Shakira.
Sin embargo, la tragedia del 5 de agosto de 1997, cuando cinco personas perdieron la vida en un concierto de Servando y Florentino, marcó el inicio de su declive.
En los años 80 y 90, el empresario sueco Gösta Lettersten creó un espacio comercial en más de 20 hectáreas frente a la avenida La Marina que pronto se transformó en un centro de mega conciertos.
Durante 18 días, en plenas fiestas patrias, los peruanos disfrutaban de juegos mecánicos como la montaña rusa y el Salón de los Espejos, además de presentaciones de artistas nacionales e internacionales.
Los niños podían ver a Yola Polastri y los jóvenes disfrutaban del rock nacional, todo con entrada gratuita al auditorio.
El Gran Estelar de la feria recibió a estrellas de talla mundial. En 1981, el salsero Ismael Miranda inauguró lo que sería una tradición.
Le siguieron Charly García en 1985 y Héctor Lavoe, quien deleitó al público durante seis noches consecutivas.
La feria también vio pasar a Celia Cruz, Miguel Mateos, Maná, Pedro Suárez Vértiz y una joven Shakira, que provocó el segundo cierrapuertas por exceso de público.
El 5 de agosto de 1997, la euforia por los venezolanos Servando y Florentino desbordó todas las previsiones.
El público duplicó el aforo permitido y cinco personas perdieron la vida en el fatídico concierto. A pesar de la tragedia, los organizadores intentaron mantener la feria con nuevas presentaciones, pero el daño ya estaba hecho.
La imagen del recinto quedó manchada y el declive se hizo inevitable.
La familia fundadora, los suecos Lettersten, tenía una vivienda dentro del recinto que fue intervenida por la Policía. En el jardín se encontraron 14 kilos con 800 gramos de plantas alucinógenas.
El hijo del fundador, Felipe Lettersten, escultor de profesión, fue señalado como el propietario.
Artistas como Yola Polastri y Lucila Campos fueron citados a declarar, pero negaron haber visto algo sospechoso.
Los problemas legales, sumados a la tragedia y a dificultades comerciales, terminaron por esfumar el lugar que hoy solo vive en la memoria de los limeños.