
Yessenia Ureta, señalada como la mente del incendio que mató a 10 en La Victoria, está oculta tras una red de protección que incluye a un familiar policía, mientras la justicia la busca.
Yessenia Ureta Vargas, conocida como “La China Yessenia”, es la principal sospechosa del incendio que acabó con la vida de 10 integrantes de la familia Vilchez, entre ellos 5 menores de edad y un bebé, el pasado 10 de julio en el barrio de Manzanilla, La Victoria.
El incendio fue provocado en el marco de una guerra territorial entre los clanes Vilchez y Ureta por el control del cobro de cupos a mototaxistas en el Emporio Comercial de Gamarra, un negocio ilegal que mueve alrededor de 1,500 millones de soles al año.
Días antes de la masacre, el 10 de julio, Diana, pareja de uno de los Vilchez, se enfrentó a Yessenia en una pelea callejera que marcó el punto de no retorno.
Los Ureta planearon un ataque de intimidación contra los Vilchez, pero el fuego se salió de control.
Las cámaras de seguridad registraron a Yessenia Ureta ingresando a la vivienda de su tío, un agente de la Policía Nacional, quien le brindó refugio y le ayudó a evaluar rutas para evadir la justicia.
El tío, confrontado por los agentes, admitió que sabía de la implicación de su sobrina en el caso.
El efectivo policial fue advertido sobre las consecuencias del encubrimiento: “Las cámaras que a ti te van a involucrar y ya te van a procesar. Claro, a tu hija la van a procesar por encubrimiento real.”.
Yessenia, desde la clandestinidad, se declaró inocente y aseguró temer por su vida y la de sus hijos: “Yo soy inocente. Yo entiendo a los familiares de todo lo que les ha pasado, entiendo su dolor, porque como madre también estuviese destruida yo. Temo por mi vida, temo por la vida de mis hijos”.
Yessenia Ureta acumula un extenso prontuario delictivo que incluye denuncias por adulteración de productos como detergentes y panetones, agresiones a comerciantes que se negaban a pagar cupos, y vínculos con el narcotráfico.
En 2018, junto a su pareja y su hermana Fabiola, atacó a otras comerciantes hasta desfigurarles el rostro por negarse a pagar el tributo ilegal.
Para 2024, seguía sumando denuncias por extorsión, mientras la justicia demostraba su ineficacia al dejarla libre pese a tener órdenes de captura vigentes desde 2017.
Los operativos para capturar a Yessenia Ureta continúan, mientras persisten las interrogantes sobre la red de protección que la mantiene oculta y los vínculos de la corrupción policial que facilitan la impunidad del crimen organizado en el corazón comercial de Lima.