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El empresario minero Jenss Lara narró su secuestro, cautiverio y liberación ante la fiscalía, tras ser interceptado por un comando armado en Trujillo.
Lara declaró que los captores lo golpearon, le pusieron esposas y una cinta en la boca, y que lo abandonaron en una zona de sembrío de azúcar en La Libertad tras el pago.
La noche empezó un día antes, en un tour de fiestas por discotecas que iba a terminar en un local de comida de 24 horas en Trujillo.
Lo acompañaban su amigo Luis Rojas, su guardaespaldas Christopher García y sus amigas Andrea Monzón y Nadie Urtecho.
Hombres vestidos de policía los interceptaron, y Lara declaró que bajó para evitar problemas porque no sospechó que eran delincuentes.
Los captores lo llevaron a un búnker, donde le pegaron, le pusieron esposas, una cinta en la boca y le cortaron el pecho.
Un secuestrador le pasó una llamada telefónica y le preguntó con quién estaba; Lara respondió que no estaba con nadie.
El captor le dijo “Dime la verdad o te mato, ¿con qué banda estás?” y Lara respondió “Yo no le pago a nadie”. El hombre detrás del teléfono, que no se identificó, pidió 2 millones de dólares.
Lara dijo que era difícil recolectar ese dinero, que no era empresario minero, y mencionó que su hermano y su padre, Eleuterio Lara, son las personas de mayor confianza.
Grabó un video y le dieron un plazo hasta las 8 de la noche, de lo contrario las consecuencias serían fatales.
Un secuestrador preguntó a Lara qué mano usaba más y le dijo que le cortarían los dedos. Lara eligió el dedo pequeño de la mano izquierda.
El plazo se extendió hasta las 12 de la noche y la amenaza seguía latente. El pago se hizo efectivo, lo sentaron en un balde, le dieron un poco de agua y lo abandonaron en una zona de sembrío de azúcar en La Libertad.
Lara declaró que sus captores eran más bajos que él, que mide 1 metro 70, y que una tercera persona llegó al momento de sacarlo, con una voz distinta, y le dijo “a mí no me importa nada, si haces algo te mato”.
Declaró que las voces que escuchó eran de las personas que lo cuidaban y que la tercera que llegó era la que más recuerda, y que eran peruanos como otros trujillanos.