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Tras la multimillonaria compra de Activision Blizzard, la división de videojuegos de Microsoft atraviesa la reestructuración más agresiva de su historia. Descubre cómo pasó de tener un imperio de desarrolladoras a recortar drásticamente su estructura.
La división de videojuegos de Microsoft atraviesa la reestructuración más agresiva y profunda de su historia reciente. Lo que en su momento se planteó como una estrategia para consolidar la red de desarrollo interno más ambiciosa de la industria ha terminado convirtiéndose en un proceso masivo de desmantelamiento, independencia forzada de estudios y redistribución de equipos creativos. Tras la monumental adquisición de Activision Blizzard, la marca ostentaba un catálogo compuesto por más de quince desarrolladoras propias bajo el sello de Xbox Game Studios; sin embargo, el panorama actual deja una división drásticamente recortada donde apenas sobreviven seis estudios en su estructura original, con proyecciones de nuevos ajustes de personal a corto plazo.
El camino hasta el estado actual de la marca no ocurrió de la noche a la mañana, sino a través de una serie de decisiones drásticas divididas en varias etapas. El golpe inicial afectó directamente a la órbita de ZeniMax y Bethesda, donde tras el tropezón comercial de Redfall, Arkane Austin cerró sus puertas de forma definitiva. Por su parte, Alpha Dog Games corrió una suerte similar antes de ser recompra por sus fundadores, mientras que Tango Gameworks terminó siendo rescatada por la editora surcoreana Krafton. A este escenario se sumó la absorción de Roundhouse Studios y la decisión de Toys for Bob de independizarse de la órbita de Activision para continuar su camino por cuenta propia.
La segunda fase de recortes impactó a proyectos y estudios de alto perfil dentro de la corporación. The Initiative fue clausurada tras años de desarrollo infructuoso, lo que provocó la cancelación definitiva del esperado reinicio de Perfect Dark. Simultáneamente, el equipo de Turn 10 sufrió un recorte cercano al 50 % de su personal y la congelación del desarrollo de nuevo contenido para Forza Motorsport, pasando a ser integrado como equipo de apoyo dentro de Playground Games. Sin embargo, el terremoto más severo llegó con la salida de nombres históricos: desarrolladoras emblemáticas como Double Fine, Compulsion Games y Undead Labs decidieron desvincularse del paraguas de Microsoft para recuperar su independencia operativa, mientras Ninja Theory busca comprador activo para evitar un cierre y el futuro de Arkane Lyon continúa suspendido en la incertidumbre.
Para intentar salvar lo que queda del organigrama, Microsoft ha ejecutado un reordenamiento interno hacia sus otras filiales. Estudios históricos como Rare y World’s Edge abandonaron la marca Xbox Game Studios para operar directamente bajo la estructura de Activision. El caso más representativo es el de Halo Studios (anteriormente 343 Industries), que tras sufrir severos despidos pasó a actuar como estudio de soporte supervisado por Activision. Paralelamente, Obsidian Entertainment fue reubicada bajo el sello de Bethesda debido a su afinidad con franquicias como Fallout, mientras que la división de Microsoft Casual Games fue absorbida por King para reforzar el mercado móvil.
Detrás de este movimiento masivo existen motivos financieros claros. La directiva busca frenar las pérdidas generadas por el mantenimiento de estructuras de desarrollo ineficientes en el contexto del mercado actual y, al mismo tiempo, reajustar el valor corporativo tras la multimillonaria compra de Activision Blizzard. En la práctica, la promesa de un superconglomerado repleto de creadores con presupuesto ilimitado ha dado paso a un modelo de negocio mucho más pragmático y reducido, marcando un punto de inflexión decisivo en la estrategia global de Xbox.