
Apenas el árbitro decretó el final del dramático Argentina 2-1 Inglaterra, la atención del mundo entero se posó sobre un solo hombre: Lionel Messi. A sus 39 años, el capitán argentino no pudo contener la emoción y protagonizó una celebración que ya se convirtió en la postal más emotiva de la Copa del Mundo.
El pitazo final desató una locura total en el Mercedes-Benz Stadium, pero el ‘Goat’ reaccionó de una forma que conmovió a millones de hinchas al caer de rodillas al césped, tapándose el rostro mientras contenía las lágrimas por la tensión de una remontada que parecía imposible.
En cuestión de segundos, Rodrigo de Paul, Enzo Fernández y el resto de sus compañeros corrieron a levantarlo del suelo para fundirse en un abrazo grupal que demuestra la unión del plantel. Las cámaras de transmisión captaron la mirada al cielo de Messi, reflejando el enorme peso que se quitó de encima al meter a su país en una nueva final mundialista.
Como ya es una costumbre en los momentos más importantes de su carrera, el capitán no se olvidó de los suyos en medio de la euforia colectiva, con una sonrisa de oreja a oreja y visiblemente recuperado de las lágrimas, Messi caminó hacia el sector donde se encontraba su familia para buscar la mirada de Antonela Roccuzzo y de sus hijos Thiago, Mateo y Ciro, y dedicarles un emotivo saludo haciendo el gesto de “ya está”, asegurándoles que la gran final del domingo es una realidad.
Tras el momento familiar, el astro rosarino lideró los cánticos de la marea albiceleste que copó el estadio en Atlanta al pararse frente a la tribuna popular, donde saltó y revoleó su camiseta junto a los hinchas, cantando los clásicos himnos de tribuna y el mítico cántico de “Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar”.


