María Consuelo Córdoba lleva 26 años enfrentando las secuelas de un ataque con ácido que le cambió la vida. A sus 58 años, ha pasado por 87 cirugías, continúa con problemas para respirar y asegura que no cuenta con los recursos necesarios para completar la reconstrucción de su rostro. Conoce aquí su trágica historia.
La historia de María Consuelo comenzó en el año 2000, cuando llegó a Bogotá desde Istmina, en el departamento colombiano de Chocó, junto con quien entonces era su esposo. Según su relato, ella decidió permanecer en la capital para trabajar, mientras que su pareja quería regresar a su ciudad de origen. La decisión desencadenó una agresión que tendría consecuencias permanentes.
Una noche, el hombre llegó a la vivienda con un recipiente que aparentaba contener aguardiente. Cuando María Consuelo salió a su encuentro, él le arrojó el líquido directamente al rostro. Ella inicialmente creyó que se trataba de alcohol, pero rápidamente sintió un fuerte ardor y descubrió que era ácido. “Cuando me tiró eso en la cara y me fue absorbiendo, me empezó a arder; yo salí corriendo para la pila de agua que quedaba en el primer piso. Y él salió corriendo”, relató.
El propietario de la vivienda la trasladó inicialmente al Hospital Meissen, donde recibió atención para las quemaduras y el dolor. Posteriormente fue llevada a la unidad de quemados del Hospital Simón Bolívar, donde permaneció cerca de dos años. Durante ese periodo tuvo que afrontar su recuperación prácticamente sin familiares ni personas cercanas en Bogotá.
Las lesiones provocadas por el ácido afectaron gravemente su rostro y también comprometieron funciones básicas, entre ellas la respiración. Desde entonces, María Consuelo se ha sometido a unas 87 intervenciones quirúrgicas destinadas a reconstruir las zonas afectadas y atender las consecuencias del ataque.
La mujer ha explicado que perdió gran parte de sus rasgos faciales. “Yo quedé sin nariz, sin boca, sin mentón, sin nada”, manifestó en una entrevista con Caracol Radio. Actualmente utiliza una máscara artesanal que, según ha contado, le permite proteger su rostro del sol y evitar la exposición directa de sus cicatrices. También necesita tubos de plástico en la nariz para facilitar su respiración.
Después de años de tratamientos, asegura que el Hospital Simón Bolívar le informó que las intervenciones que podía realizar dentro de su proceso ya habían sido efectuadas. Los procedimientos que todavía necesita serían de carácter plástico y tendrían un costo que no puede asumir. “Ya en el hospital me dijeron: aquí ya no te puedes hacer cirugía porque ya te hicimos todo. Las que faltan son plásticas. Y las plásticas cuestan dinero, y yo de dónde”, contó.
A las secuelas físicas se sumó una situación económica precaria. María Consuelo ha contado que debe pedir ayuda económica en distintos lugares de Bogotá para cubrir sus necesidades. Durante un periodo recurrió a los buses y al sistema TransMilenio, mientras que actualmente también acude a plazas de mercado como Corabastos, El Restrepo y Paloquemao.
La mujer también aseguró que dejó de recibir hace aproximadamente dos años un bono de alimentos y afirmó que no ha contado con subsidios gubernamentales ni con los medicamentos que necesita. En medio de estas dificultades, ha mencionado problemas de anemia y la imposibilidad de asumir por cuenta propia los procedimientos médicos pendientes.
“Lo que le pido al mundo entero es que ya son 26 años con el rostro así y la máscara, que me ayuden para que mi vida sea mejor”, expresó al hablar de su situación. En otra entrevista resumió una de sus principales necesidades con una frase: “Necesito recuperar mi cara”.
La eutanasia forma parte de la historia de María Consuelo desde hace varios años. Durante un periodo de aproximadamente tres años realizó trámites para acceder a la muerte asistida e incluso llegó a preparar aspectos relacionados con su velación y cremación.
En 2017, durante la visita del papa Francisco a Colombia, tuvo un encuentro con el pontífice y le habló de su intención de recurrir a la eutanasia. Según recordó, Francisco le pidió que no lo hiciera y que mantuviera la esperanza de recibir ayuda para continuar con sus tratamientos. “Cuando él me dijo: ¿Me prometes que no te vas a aplicar la inyección de la eutanasia? Yo le respondí que se lo prometía”, relató.
María Consuelo asegura que aquella ayuda que esperaba para continuar con la reconstrucción de su rostro no llegó. Tras el paso de los años, las dificultades médicas y económicas volvieron a llevarla a considerar la posibilidad de morir dignamente.
Capital Salud aclaró que la mujer no está esperando una nueva autorización. La EPS informó que María Consuelo cuenta desde hace cuatro años con autorización para acceder al procedimiento de eutanasia y precisó que la decisión de utilizarla corresponde exclusivamente a su voluntad. La entidad aseguró que continuará garantizando su atención y acompañará cualquier determinación que tome de manera libre y autónoma.
Su historia, por ello, reúne dos pedidos que María Consuelo ha expresado públicamente: contar con condiciones que le permitan continuar viviendo con una mejor calidad de vida y, al mismo tiempo, mantener la posibilidad de decidir sobre su muerte después de más de dos décadas de secuelas físicas, cirugías y dificultades económicas.

