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Un pequeño dinosaurio emplumado hallado en China vuelve a abrir una de las grandes preguntas de la evolución: ¿las aves heredaron el vuelo de un único ancestro o la naturaleza encontró varias veces el camino hacia el cielo?
Hace más de 100 millones de años, volar todavía parecía un experimento. Algunos dinosaurios tenían plumas en los brazos, otros también en las patas y algunos desarrollaban colas capaces de ayudar durante el descenso. La evolución probaba distintas fórmulas y el Norellraptor barsboldi acaba de sumar una nueva pieza a ese rompecabezas.
El pequeño dinosaurio fue descubierto en la Formación Jiufotang, en el noreste de China, uno de los yacimientos fósiles excepcionalmente conservados conocidos como lagerstätte. Los restos corresponden a un microrraptorino de unos 57 centímetros de longitud y pertenecían a un ejemplar de alrededor de tres años.
El hallazgo resulta relevante porque sus características aportan evidencia a la hipótesis de que el vuelo pudo surgir de manera independiente en distintos grupos de dinosaurios relacionados con las aves. El estudio apareció en Nature Communications.
Los microrraptorinos eran pequeños dinosaurios depredadores y familiares lejanos de los velociraptores. Algunos desarrollaron grandes plumas tanto en los brazos como en las patas, lo que llevó a imaginar animales capaces de desplazarse con una especie de sistema de cuatro alas.
Los investigadores compararon las características relacionadas con el vuelo de estos dinosaurios con las del linaje que conduce a las aves modernas. Encontraron que algunos rasgos aparecieron en ambos grupos, pero no siguieron el mismo orden durante su evolución.
Los investigadores también aplicaron una prueba estadística de correlación de Spearman. Sus resultados indican que los microrraptorinos y las aves pudieron desarrollar un “aparato de vuelo similar” sin compartir un origen común para esas características.
Esta posibilidad se relaciona con la evolución convergente, proceso mediante el cual distintos grupos desarrollan soluciones parecidas frente a un mismo desafío.
El hallazgo no significa que la discusión haya terminado. Jesús Marugán, profesor especializado en evolución y morfología de vertebrados de la Universidad Autónoma de Madrid, considera que el estudio profundiza con gran detalle en la anatomía del nuevo dinosaurio, pero cuestiona que algunas de sus inferencias puedan demostrarse con certeza.
La principal pregunta sigue sobre la mesa: ¿cómo saber que las adaptaciones para volar aparecieron de manera independiente y no a partir de algún ancestro común con las aves primitivas?
Por ahora, no existe una respuesta definitiva.
Lo que sí aporta el Norellraptor barsboldi es otra mirada sobre la evolución del vuelo. En lugar de un único camino desde los dinosaurios terrestres hasta las aves modernas, el registro fósil muestra diferentes experimentos con plumas, alas y estructuras capaces de aprovechar el aire.
Y quizá esa sea la parte más fascinante del hallazgo: antes de que las aves dominaran los cielos, varios dinosaurios intentaron resolver por separado el mismo desafío evolutivo: cómo volar.