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En Carolina del Sur, Estados Unidos, la justicia condenó a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional a Jeremy Moody y su esposa Christine Moody, tras hallarlos culpables del doble homicidio de Charles Parker, quien figuraba en el registro estatal de delincuentes sexuales, y de su cónyuge, Gretchen Parker, ocurrido en 2013.
La pareja fingió una avería mecánica en su automóvil para ganarse la confianza de las víctimas e ingresar a su vivienda en Jonesville; una vez dentro del inmueble, Jeremy abrió fuego contra el matrimonio y Christine procedió a degollarlos.
El ensañamiento y la frialdad de los atacantes conmocionó a los tribunales, en particular luego de que la mujer manifestara una total ausencia de culpa tras escuchar la sentencia: “El día que matamos a ese pedófilo fue el mejor de mi vida”.
Las investigaciones policiales y los registros del proceso revelaron que ambos procesados pertenecían a la agrupación supremacista blanca y neonazi Crew 41, identificándose el hombre por llevar tatuadas consignas racistas y el término “skinhead” en el cuello.
Lejos de mostrar remordimiento por arrebatarle la vida a la pareja, los homicidas lamentaron abiertamente no haber tenido tiempo de ultimar a más individuos inscritos en las listas de agresores sexuales, llegando a besarse y sonreír ante el jurado durante las diligencias judiciales.
No obstante, los reportes oficiales determinaron que la esposa de Parker no tenía ningún tipo de antecedente penal ni relación con delitos del pasado de su cónyuge, siendo ejecutada únicamente por encontrarse presente en el lugar de los hechos.
La difusión del caso en plataformas digitales generó una inmediata polarización entre los internautas, dividiendo las opiniones entre el repudio y la justificación del ataque por mano propia. Mientras usuarios manifestaron que “perturbar la inocencia de un niño/ña no tiene perdón” y otros recurrieron al sarcasmo ante la complicidad criminal del matrimonio (“Él les dispara, ella los degolla, ¡qué comprensión, qué historia de amor!”), también surgieron advertencias y confusiones en los comentarios.
Algunos lectores señalaron erróneamente que la noticia estaba adulterada al confundir al homicida con otro convicto homónimo de Georgia sentenciado por ultraje a una menor, lo que desvió parte del debate virtual hacia la rigurosidad de los datos que circulan en internet.