
El fuerte sismo de magnitud 5.1 que sacudió la región Junín no solo dejó destrucción a su paso, sino también familias enteras enfrentando una tragedia.
Al menos cinco personas perdieron la vida y más de 300 familias quedaron damnificadas, especialmente en el anexo de Pumpunya, distrito de Chongos Bajo, donde decenas de viviendas colapsaron o quedaron inhabitables.
Mientras esperan la llegada de ayuda, los sobrevivientes han improvisado refugios con palos, plásticos y frazadas para protegerse de las temperaturas bajo cero.
El sismo, con epicentro ubicado a siete kilómetros al sur de Chupaca y a una profundidad de 24 kilómetros, dejó un panorama de devastación en varias comunidades.
Al menos 28 viviendas quedaron destruidas y otras sufrieron daños de consideración, obligando a decenas de familias a abandonar lo poco que quedaba de sus hogares.
Durante la noche, brigadas de rescate trabajaron entre los escombros para atender a los afectados, mientras las bajas temperaturas y la fragilidad de las construcciones complicaban las labores.
A ello se suma el registro de 12 réplicas, algunas de ellas perceptibles por la población, que mantienen el temor entre los habitantes de la zona.
En las zonas más altas de Pumpunya, las familias afectadas han levantado refugios improvisados con tubos, frazadas y plásticos para protegerse de las bajas temperaturas.
Otros, sin un lugar donde resguardarse, han pasado la noche en mototaxis o en medio de sus chacras, expuestos al intenso frío.
Los propios vecinos fueron los primeros en responder tras el sismo. Una mujer contó que su sobrina de 18 años quedó atrapada entre los escombros y logró ser rescatada gracias al apoyo de la comunidad, ya que durante las primeras horas no llegó ayuda.
En medio de esta emergencia, los damnificados continúan solicitando con urgencia carpas, abrigo y atención médica.