
Decenas de taxis informales operan dentro del Aeropuerto Jorge Chávez sin autorización de la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU), estacionados en las puertas de llegadas nacionales e internacionales, donde los pasajeros están expuestos a precios altos, asaltos y estafas.
La informalidad persiste porque la ATU solo puede fiscalizar en las vías de descarga externas, mientras que dentro del terminal, la competencia es de Lima Airport Partners (LAP), el concesionario del aeropuerto.
Esto genera un vacío de control que los conductores informales aprovechan, camuflándose entre los taxis autorizados y captando pasajeros a la salida del terminal.
Los conductores informales ofrecen tarifas variables sin ningún criterio regulado. Ya que un viaje al centro de Lima es cotizado en 50 soles y luego en 70 soles, evidenciando la ausencia de un precio fijo.
Además, los pasajeros desconocen que estos vehículos no cuentan con SOAT que cubra accidentes, lo que los deja totalmente indefensos ante cualquier eventualidad, como asaltos al paso o siniestros viales.
La ATU admitió que no tiene competencia para fiscalizar dentro del aeropuerto: “La competencia para realizar una labor de fiscalización ahí no la tenemos nosotros. La fiscalización que realizamos es una vez que estos vehículos que no cuentan con las autorizaciones respectivas entren a la vía libre”, explicó un vocero de la entidad
Pese a ello, en operativos externos se han detectado conductores con brevete vencido, vehículos con papeletas y choferes inhabilitados por acumular faltas de tránsito.
Sin embargo, dentro del terminal aéreo, LAP no ejerce control efectivo, permitiendo que los informales operen con total impunidad.