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El bullying escolar continúa generando preocupación ante el incremento de los reportes de violencia entre estudiantes.
Según los datos presentados durante la entrevista, las agresiones entre escolares aumentaron a 18.5% en 2026, con más de 11.800 reportes de violencia escolar registrados.
Ante este escenario, el psicólogo Manuel Saravia advirtió que todavía existe una deuda en materia de prevención.
Según explicó, las acciones suelen concentrarse después de que ocurre una agresión, en lugar de trabajar previamente con estudiantes, padres y colegios.
Para Manuel Saravia, la prevención requiere un trabajo conjunto entre la familia, el colegio y los propios estudiantes.
El especialista también destacó la importancia de prestar atención a quienes observan las agresiones. Según explicó, los espectadores pueden influir en la continuidad de una situación de violencia.
Cuando un estudiante agrede a otro y no encuentra público que refuerce su conducta, la tendencia a repetir estos hechos puede disminuir.
El problema aumenta cuando los compañeros observan una pelea, la alientan o incluso la graban con sus celulares. En ese momento, la agresión puede convertirse en un espectáculo para los demás estudiantes.
Para identificar si un hijo es agresor, el psicólogo recomendó observar cómo maneja la frustración: si tira puñetes a la pared, rompe cosas o contesta mal.
Advirtió que un niño puede ser tranquilo en casa y completamente opuesto en el colegio, por lo que es importante mantener comunicación permanente con profesores y tutores.
En el caso de las víctimas, pidió construir un “microclima” de confianza para que los niños puedan contar lo que padecen.
El especialista señaló que los padres deben saber a qué influencers siguen sus hijos y qué videojuegos consumen.
En el programa se mencionaron retos virales de TikTok de agresión física y casos de amenazas con IA que desnudan a las niñas, lo que se convierte en ciberacoso.
Saravia también advirtió que un niño que representa un peligro para sí mismo o para los demás necesita ayuda profesional, y que el agresor también requiere apoyo psicológico, no solo la víctima.