
A 32 años de su partida, la figura de Lorenzo Palacios Quispe, conocido mundialmente como Chacalón, sigue siendo una de las más grandes de la música popular peruana.
El legendario rey de la chicha falleció el 24 de junio de 1994 a los 44 años, dejando un vacío inmenso en el corazón del pueblo que lo vio como su máximo ídolo y exponente de la cumbia peruana.
El documental “Chollywood, las crónicas” repasa los momentos clave de su vida y carrera, desde sus humildes inicios hasta convertirse en un mito que trasciende generaciones.
Lorenzo Palacios Quispe, conocido artísticamente como Chacalón, fue el líder de la agrupación “Chacalón y la Nueva Crema” y se convirtió en el máximo exponente de la música chicha en el Perú.
Nacido en el seno de una familia humilde, su música retrató la vida del migrante provinciano que llegaba a Lima en busca de un futuro mejor.
Su legado incluye himnos imborrables como “Muchacho Provinciano”, que caló hondo en el sentimiento popular y vendió más de medio millón de copias. Esa conexión con su público lo llevó a ser apodado “Papá Chacalón”.
Chacalón creció en el pasaje Bondi, en el corazón de La Victoria, en un cuarto donde vivían sus 14 hermanos junto a sus padres.
“Miren ese cuartito que acá hemos vivido todos hasta los 14, 15 años. O sea que era un camarote acá y acá, y acá mi mamá su colchón con mi papá”, relató uno de sus hermanos.
Esta realidad de pobreza y esfuerzo marcaría profundamente la lírica de sus canciones, que siempre estuvieron dedicadas al pueblo trabajador.
El apodo “Chacalón” tiene un origen curioso y familiar. Su hermano Alfonso ya era conocido como “Chacal” en el barrio y cuando Lorenzo ingresó al Grupo Celeste, adoptó el nombre de “Chacalón” como una versión aumentada del apodo de su hermano.
Fue un amigo quien le enseñó a cantar durante dos meses para que pudiera unirse al grupo, y el resto es historia.
El flechazo de Chacalón con Dora Puente, su eterna compañera, fue amor a primera vista y ocurrió de manera casi cinematográfica.
Su hija relata que su madre bajaba con un plato de comida para su hermano cuando el cantante, que jugaba a la pelota, pateó el balón y le hizo botar la comida.
“Ahí donde el papá fue corriendo y le levantó el plato, la miró. Amor a primera vista”, narró la hija de la pareja. Fruto de esta relación tuvieron siete hijos: tres mujeres y cuatro varones.
La familia siempre fue un pilar en la vida del artista, aunque su carrera y los excesos propios de la vida bohemia también le pasaron factura.
La salud de Chacalón se deterioró rápidamente por la diabetes y los problemas en la vesícula. Su hijo relató los dramáticos momentos previos a su muerte, cuando comenzó a vomitar de color verde y fue llevado de clínica en clínica.
“Lo mató, yo estaba muy pequeño. Lo llevamos a Javier Prado y ya no aguantó su corazón. Dice que se le había reventado la vesícula”, contó su hijo.
El día de su funeral, el pueblo demostró su amor incondicional: “Hemos salido a las 9 de la mañana y lo hemos enterrado a las 7 de la noche. (…) No podíamos, la gente no quería”, recordó su hijo, evidenciando la magnitud de un dolor que paralizó Lima.
Un día antes de morir, Chacalón había dejado una petición profética a su público: “El día que muera no quiero que nadie llore, quiero que canten y bailen hasta mi último programa”. Y así lo hicieron.
Miles de personas lo despidieron como a un héroe popular, confirmando aquella icónica frase de que “cuando Chacalón canta, los cerros bajan”.
32 años después, el legado del “Rey de la Chicha” sigue vigente. Su música no solo invade los cerros, sino que se ha convertido en un himno eterno para todos aquellos que, como él, buscan progresar con fe y esperanza en una ciudad que a veces es hostil.