¿Haces doomscrolling? Así afecta tu mente

El hábito de consumir contenido sin parar puede aumentar la ansiedad y la fatiga mental, especialmente entre los jóvenes.

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Deslizas el dedo, aparece otro video, luego otro y uno más. Cuando quieres darte cuenta, llevas un largo rato frente al celular. Si además el contenido está cargado de noticias negativas o situaciones que generan preocupación, este hábito tiene un nombre: doomscrolling.

El término describe el consumo compulsivo e ininterrumpido de noticias negativas en redes sociales. También se utiliza para referirse al desplazamiento constante por publicaciones y videos durante largos periodos. El fenómeno genera preocupación por sus posibles efectos sobre el bienestar mental, especialmente entre los jóvenes.

¿Por qué el doomscrolling puede generar ansiedad?

El filósofo Tomás Balmaceda explicó que la exposición constante a información inquietante puede producir una sensación permanente de crisis. Según señaló, al recibir tantas noticias tristes o preocupantes, las personas pueden comenzar a “anestesiar” su empatía.

A esto se suma la dificultad para mantener la atención. El psiquiatra e investigador Hilario Blasco-Fontecilla sostiene que las redes actuales funcionan como “telarañas sociales” que buscan mantener al usuario frente a la pantalla durante el mayor tiempo posible.

El especialista también advierte que el uso excesivo puede afectar especialmente a menores y adolescentes, cuyo cerebro todavía está en desarrollo, y favorecer dificultades para reducir el tiempo dedicado a estas plataformas.

Algunas investigaciones también relacionan el uso excesivo de redes sociales con conductas similares a las adictivas, como pérdida de control, dependencia emocional y problemas para disminuir el tiempo de uso.

¿Qué pasa con la concentración?

El consumo constante de videos breves y fragmentados puede dificultar la concentración y favorecer la búsqueda de estímulos inmediatos. Las explicaciones recogidas relacionan este fenómeno con la dopamina, un neurotransmisor vinculado al placer y la motivación.

También se ha señalado un posible impacto sobre procesos como la memoria, el aprendizaje y la creatividad. La sobreexposición a contenido rápido puede dejar menos espacio para la reflexión y la generación de ideas propias.

En los jóvenes, estas preocupaciones adquieren una dimensión adicional. Blasco-Fontecilla advierte sobre una posible crisis de habilidades sociales y salud mental asociada al uso intensivo de estas plataformas.

¿Por qué algunos jóvenes están volviendo a los hobbies?

Frente al cansancio provocado por la conexión permanente, algunas personas están recuperando actividades que permiten desconectarse: tejido, bordado, cerámica, jardinería y cocina.

Balmaceda señaló que estas prácticas funcionan como una respuesta frente a la saturación digital porque exigen algo que las redes no siempre permiten: paciencia, pausa y atención sostenida.

La jardinería, por ejemplo, obliga a respetar los tiempos de una planta. La cocina también requiere concentración y presencia, ya que una distracción puede terminar afectando el resultado.

El objetivo no sería únicamente dejar el celular, sino recuperar experiencias presenciales y compartirlas con otras personas.

Desconectarse también puede ser un privilegio

Alejarse completamente de internet no resulta igual de sencillo para todos. Balmaceda planteó que “muchas veces desconectarse es un privilegio”, debido a que el trabajo, los estudios, los emprendimientos y las relaciones familiares o barriales dependen de las herramientas digitales.

Por eso, el desafío no necesariamente consiste en abandonar las redes, sino en evitar que ocupen todo el espacio disponible para el ocio, la concentración y las relaciones personales.

Entre las estrategias mencionadas para reducir su impacto están establecer límites de uso, desactivar notificaciones, fomentar actividades fuera del entorno digital, practicar un consumo consciente y evitar utilizar el celular antes de dormir.