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La fertilización in vitro (FIV) ha permitido el nacimiento de alrededor de 13 millones de niños en todo el mundo. Ahora, una investigación encontró una diferencia molecular en bebés concebidos mediante esta técnica: presentan una mayor cantidad de determinados fragmentos de ADN conocidos como LINE-1, además de una distribución distinta en algunas regiones del genoma.
El hallazgo fue realizado por científicos de la Universidad Sun Yat-sen, en China, y puede aportar nuevos elementos al debate sobre los efectos de las técnicas de reproducción asistida. Sin embargo, los resultados no permiten establecer que estas diferencias provoquen enfermedades.
Los LINE-1, llamados de manera coloquial “genes saltarines”, son fragmentos de ADN capaces de copiarse a sí mismos y colocar esas réplicas en otras zonas del genoma.
Cuando esto ocurre, pueden modificar la estructura o el funcionamiento de determinadas regiones genéticas. Este proceso puede presentarse con mayor frecuencia bajo condiciones de estrés celular.
A partir de esta característica, los investigadores plantearon una pregunta: ¿los procedimientos de fertilización in vitro pueden actuar como un tipo de estrés durante las primeras etapas del desarrollo y modificar la cantidad o distribución de estos elementos?
Para estudiarlo, los científicos secuenciaron el genoma completo de 75 niños. De ellos, 33 habían sido concebidos mediante FIV y 42 sin tratamiento de fertilidad. Las muestras de sangre del cordón umbilical se obtuvieron al momento del nacimiento.
Luego utilizaron herramientas bioinformáticas para medir la cantidad de LINE-1 y localizar las zonas donde estos elementos presentaban diferencias.
Los resultados, publicados en American Journal of Obstetrics & Gynecology, mostraron que los niños concebidos mediante FIV tenían una cantidad ligeramente mayor de ADN LINE-1 en todo el genoma en comparación con aquellos concebidos de manera natural.
Los investigadores también analizaron tres pares de hermanos en los que uno había sido concebido mediante reproducción asistida. En las tres familias, el hermano o hermana concebido por FIV presentó una mayor cantidad de LINE-1 que quien había sido concebido de manera natural.
La comparación llamó la atención porque los hermanos comparten buena parte de su información genética y tienen los mismos padres.
Además, los científicos detectaron una mayor presencia de estos elementos en regiones del ADN que contienen genes previamente relacionados con enfermedades metabólicas, cardiovasculares, neuropsiquiátricas y neoplásicas.
No. El estudio no demuestra una relación de causa y efecto entre la fertilización in vitro y estas enfermedades.
El trabajo identifica una asociación entre este tratamiento de fertilidad y una mayor presencia de una firma molecular relacionada con determinados patrones de LINE-1. Eso no permite afirmar que estas diferencias provoquen enfermedades ni que los niños concebidos mediante FIV tengan un mayor riesgo de desarrollarlas.
Los autores señalan que serán necesarios nuevos estudios para determinar la relevancia de estas diferencias moleculares. También plantean mantener una vigilancia continua de la integridad genómica de las personas concebidas mediante fertilización in vitro.
Por ahora, la investigación aporta una nueva pista sobre lo que ocurre en el genoma durante las primeras etapas del desarrollo, pero no establece consecuencias directas sobre la salud futura.