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El psicoterapeuta Walter Dávila reveló que la mayoría de madres tiene un hijo preferido, una inclinación que responde a razones inconscientes vinculadas a su historia personal y emocional.
“Científicamente está comprobado que el 95% de mujeres, para no decir el 100% porque el 5% miente, siempre en la casa hay una preferencia que puede ser mujer o puede ser varón”, afirmó el especialista.
La explicación tiene que ver con proyecciones, carencias del pasado y la formación de vínculos afectivos específicos, detalló Dávila.
Muchas madres que han tenido problemas en su pasado, carencias o han sido maltratadas cuando eran niñas, sin darse cuenta proyectan en sus hijos esas experiencias no resueltas. “Una madre que no ha tenido afecto, cariño, amor, que no ha sido comprendida, sin darse cuenta a veces proyecta en los demás sus problemas”, explicó Dávila. Como no ha sanado esas carencias, se porta de cierta manera para que sus hijos le hagan caso, buscando su propia identificación a través de ellos.
“Todos hacemos proyección. Hay proyecciones que son positivas y hay negativas. Cuando proyectas de manera negativa, quieres que los demás sean como tú quieres que sean”, detalló el psicoterapeuta. La clave está en tomar conciencia de estas dinámicas para no repetir patrones dañinos con los hijos.
Contrario a la creencia popular del complejo de Edipo, donde el hombre tira para la mamá y la mujer para el papá, el especialista señaló que este concepto ya está desfasado. “Lo que determina la relación entre hermanos, en primer lugar, es el vínculo”, afirmó. A veces se da preferencia al hijo que se parece a un familiar querido, al que es más obediente, al inteligente o al que comparte los mismos gustos. “Lo quiero más por eso, me gusta más, pero eso no quiere decir que no quiera a mi otro hijo”, aclaró.
El psicoterapeuta también abordó el componente cultural que agudiza estas diferencias. “A las mujeres tienen que estar en el hogar, a las mujeres tienen que estar más cuidadas y protegidas. El hombre no, al hombre se le exige más el logro académico, el éxito”, explicó. Esta visión tradicional coloca a la mujer en un rol de cooperación y al hombre en uno de búsqueda de logros, lo que genera tratos diferenciados desde la crianza.
“La madre debe criar a los hijos, tanto a la hija como al hijo, para que se desarrollen de manera individual”, enfatizó Dávila, señalando que esta debería ser la pauta ideal, alejada de estereotipos de género.