
Sandra Plevisani rompió en llanto al recordar a su hija Camila durante su conversación con Magaly Medina, y reveló que la repostería fue su tabla de salvación para superar el dolor de perder a una hija.
La reconocida repostera, que lleva más de 40 años endulzando a los peruanos, confesó que cocinar la mantuvo en pie tras el fallecimiento de su primogénita.
La conductora de Magaly TV La Firme recibió en su podcast a la reina de los postres peruanos, quien le confesó que preparar dulces fue su terapia para sobrellevar la trágica pérdida de su hija Camila, fallecida tras tres años de lucha contra una enfermedad.
“La repostería me ha salvado a mí”, afirmó la empresaria entre lágrimas.
La repostera recordó con detalles el día en que su hija de 7 años le dijo: “mami, mami, me duele la cabeza”.
Ese diagnóstico cambió su vida para siempre. “Casi me muero, el mundo se me vino abajo”, confesó Sandra, quien jamás había visto una quimioterapia.
“La vida te toca”, agregó con entereza.
Fueron tres años de batalla hasta que Camila falleció. La popular Urraca escuchó atenta mientras Sandra relataba el regreso del cementerio, cuando sus otras hijas le preguntaron qué iba a pasar con ella.
“Nada, acá voy a estar para ustedes. Y acá estoy, imagínate, pasaron 25 años, Magaly, y acá estoy”, declaró la hija predilecta de Huacho.
Cuando la tristeza no la dejaba dormir, Sandra se iba al supermercado a comprar ingredientes y terminaba preparando postres para 30 personas todos los días.
Fue así como convirtió el dolor en inspiración y dio vida a sus famosos mousses de chocolate, limón y lúcuma, que ahora forman parte de su imperio gastronómico.
La empresaria de 63 años también resaltó la figura de su esposo Hugo, quien fue su principal soporte durante los momentos más complicados.
“Siempre ha sido un buen padre, a pesar de que es renegón y a veces se queja. Cuando Camila se enfermó, ahí fue la demostración máxima, y Hugo siempre estuvo ahí al pie del cañón”, expresó Medina Vela.
Sandra reveló que su pasión por los dulces nació en su infancia, cuando su hermana Mónica le cobraba un sol de propina para enseñarle en la cocina.
Sin recursos económicos, pero con mucho amor, se casó con Hugo, quien no tenía trabajo, y juntos construyeron un imperio culinario que hoy cumple 40 años de trayectoria.