
Entre el 70 % y 80 % de las viviendas de Lima están construidas sin refuerzos estructurales ni asesoría técnica, lo que las convierte en un riesgo inminente ante un terremoto de gran magnitud, según advirtió el ingeniero civil Darwin La Torre, docente de la Universidad de Lima.
El especialista en estructuras explicó que estas construcciones —mayoritariamente de albañilería no confinada— presentan fallas frágiles que provocarían su colapso total en menos de 5 segundos, sin dar tiempo a sus ocupantes para evacuar.
La advertencia surge tras el sismo de 5,1 grados registrado en Junín, que dejó 6 muertos y decenas de viviendas destruidas en el anexo de Pumpuña.
El ingeniero Darwin La Torre fue claro al advertir que una vivienda con falla frágil —aquella que carece de refuerzos estructurales como columnetas o vigas de amarre— colapsa en un tiempo mínimo.
“Si hablamos en segundos, 3 a 5 segundos esa vivienda ya colapsó”, afirmó el especialista, quien puso como ejemplo el terremoto de Venezuela, donde edificios con características similares se derrumbaron en menos de 5 segundos.
Esta realidad aplica directamente a Lima, donde el 70 % de las construcciones son de albañilería no reforzada y han sido levantadas sin criterios sismorresistentes.
El especialista reveló que la situación en la capital es “tan preocupante” como la de las zonas rurales con viviendas de adobe, pero con características distintas.
En Lima, entre el 70 % y 80 % de las viviendas son de albañilería, pero no cumplen con las normativas técnicas.
“Son viviendas de albañilería que no están reforzadas, que también tienen sus problemas estructurales, como por ejemplo que los muros de albañilería no están confinados por columnetas o viguetas, o están construidos con ladrillos pandereta que son sumamente frágiles”, explicó.
La autoconstrucción es el principal factor de vulnerabilidad. Muchas familias, por razones económicas, no pueden costear el asesoramiento de personal técnico capacitado y optan por levantar sus viviendas sin refuerzos.
Esto, sumado a la alta densidad poblacional —más de 11 millones de habitantes en Lima—, convierte a la capital en una “bomba de tiempo” ante un eventual terremoto de gran magnitud.
A la pregunta si Venezuela es un espejo en el que el Perú debe mirarse ante un terremoto de 7 grados, el ingeniero La Torre respondió sin titubeos.
“Yo diría que, bueno, en general no me gusta ser alarmista, pero viendo la realidad, yo creo que sí, o incluso el panorama puede ser peor”, afirmó.
Esta declaración cobra relevancia porque el especialista ya había señalado que los edificios con fallas frágiles en Venezuela colapsaron en menos de 5 segundos, un escenario que podría repetirse en Lima con consecuencias catastróficas.
El riesgo sísmico en Lima no solo depende de la magnitud del fenómeno natural, sino de la vulnerabilidad de las estructuras y la exposición de la población.
A diferencia de las zonas rurales, donde el adobe es accesible y se fabrica in situ, en la capital el problema es la informalidad en la construcción con materiales de baja calidad.
El especialista recordó que en 2023 ocurrió un sismo moderado en Lima que ya causó daños en varias viviendas e incluso una víctima fatal, lo que anticipa el escenario crítico que enfrentaría la ciudad ante un movimiento de mayor escala.
Frente al escenario crítico, el especialista planteó soluciones concretas que podrían aplicarse tanto en Lima como en zonas rurales.
Para las viviendas de adobe, existen técnicas de reforzamiento con geomallas o mallas electrosoldadas que evitan el colapso total y otorgan tiempo para evacuar.
“Es como colocar una malla alrededor de todo el muro… aún así el muro va a estar partido, no se va a caer, y eso puede dar más tiempo para salir y salvar la vida”, explicó.
Sin embargo, reconoció que desde el terremoto de Áncash en 1970 las iniciativas han sido “muy puntuales”, “tenían muy poco alcance” y “estaban mal enfocadas”.
El ingeniero insistió en que la solución pasa por programas de sensibilización y capacitación a nivel nacional, así como políticas públicas que lleguen a los gobiernos locales y regionales.
“Actualmente desconozco el tema, pero sí te puedo decir que existieron diferentes niveles de refuerzo, diferentes iniciativas de reforzamiento… la población que recibía este tipo de capacitación no, nunca terminó por sensibilizarse y entender de que su vivienda iba a, bueno, podría colapsar ante un terremoto”, lamentó.
La academia, dijo, ya forma a sus estudiantes en estas técnicas, pero hace falta voluntad política para escalarlas.