
Anualmente, el Perú pierde millones de toneladas de alimentos durante las etapas de producción, transporte y almacenamiento debido a la limitada infraestructura refrigerada. Ante esta problemática, el desarrollo de la cadena de frío especializada surge como una herramienta clave para mitigar las mermas y asegurar la seguridad alimentaria en el país.
El manejo especializado a temperatura controlada genera ventajas estructurales que impactan desde el productor hasta el consumidor final. Por ello, es conveniente contar con inventarios seguros cerca de ciudades estratégicas evita la escasez y previene aumentos bruscos en los precios de la canasta básica ante interrupciones en el transporte.
El uso del frío prolonga los días de comercialización de productos perecederos en supermercados, transformando las pérdidas en mercancía vendible, y permite que productos locales vulnerables (como arándanos, uvas, paltas, pescados y aves) lleguen con máxima calidad a mercados internacionales.
A pesar de los beneficios en la rentabilidad, la falta de especialización sigue siendo una barrera alta en el empresariado local. En el Perú, solo el 20% de las empresas que requieren almacenamiento en frío recurren a firmas especializadas; el 80% restante gestiona el frío en sus propias plantas sin ser su actividad principal.
Reflejando la creciente demanda de infraestructura, la multinacional Emergent Cold LatAm (que opera tras adquirir Frialsa Perú) registró un crecimiento promedio cercano al 64% en su tasa de ocupación durante 2026.
Actualmente, la industria opera bajo estándares homogéneos y busca expandir su presencia en zonas estratégicas del interior del país, teniendo en cuenta que hay tres centros de distribución operativos en Lima y uno en Piura.
Evaluando alternativas de inversión, el sector mantiene bajo análisis la extensión de sus cadenas logísticas hacia cuatro regiones clave: Piura, Chiclayo, Trujillo y Arequipa.
Además, las instalaciones aplican sistemas de congelamiento rápido (blast freezing e IQF) y cuentan con certificaciones ambientales internacionales (EDGE) que garantizan una reducción de al menos 40% en el consumo de energía.