
La madre de Enzo Rodríguez Arguedas, de 20 años, lucha por su presunta inocencia tras una acusación por triple homicidio en el distrito del Callao.
La fiscalía lo señala como uno de los cuatro sicarios que asesinaron a tres personas, entre ellas dos menores de 15 años, con 53 balazos. Al dia de hoy, el joven cumple prisión preventiva.
Sin embargo, su madre, doña Pilar, apoya su defensa en un bastón por problemas en la cadera y recorre su humilde hogar mostrando pruebas que la fiscalía habría ignorado.
La principal prueba de la defensa es una conversación de WhatsApp del mismo domingo 1 de marzo. A las 7:35 pm, una amiga le envía un audio a Enzo: “Ha sido por Atahualpa, creo, un montón de balas”.
A lo que el joven responde: “No, estoy en mi casa, en mi jato”.
El triple homicidio ocurrió exactamente a esa hora en esa misma zona y a pesar de la existencia de estos mensajes, la fiscalía señaló a Enzo como uno de los presuntos ejecutores del crimen.
Doña Pilar exhibe los certificados oficiales: “No registra”, se lee en cada uno. La fiscalía, sin embargo, aseguró lo contrario para sustentar la prisión preventiva.
Los argumentos de la madre para defender a su hijo son contundentes:
La única prueba que pesa contra Enzo es el testimonio de un testigo con clave.
Doce días después del crimen, este testigo protegido dio nombres, apellidos y fotografías de los supuestos sicarios, entre ellos, Enzo Rodríguez.
Aun asi madre lo enfrenta con crudeza al ver las imágenes de las cámaras de seguridad: “Ese no es mi hijo, señor. Ese chico que se le ve ahí no es”.
Otros testigos que estuvieron a tres metros de los sicarios afirmaron que no pudieron reconocer a ninguno porque todos iban con el rostro cubierto con pasamontañas.
La policía llevó a Enzo esposado a la escena del crimen rodeado de periodistas, simulando una reconstrucción. La madre lo desmiente: “Mi hijo jamás va a reconocer porque él no ha participado en eso. Él aceptó para que más bien se den cuenta que él no es”.
El triple homicidio ocurrió en una zona crítica del Primer Puerto.
Las cámaras de seguridad del municipio (más de 740) captaron la camioneta de los sicarios y su ruta de fuga. Pero los rostros nunca se vieron: todos iban encapuchados.
El caso revela una problemática más profunda: las bandas organizadas utilizan menores de edad para cometer delitos.
Sin embargo, Enzo Rodríguez, un joven de 20 años sin antecedentes y con trabajo formal, permanece en prisión preventiva.