
El miedo, la culpa y la vergüenza pueden convertirse en las principales barreras para que un niño revele que ha sido víctima de abuso.
Así lo advirtió la psicóloga Raquel Vivanco, quien explicó que muchos menores optan por guardar silencio por temor a no ser escuchados o a sentirse responsables de lo ocurrido.
La especialista también alertó que etiquetar a un niño como “abusador” sin una evaluación adecuada puede reforzar conductas negativas y dificultar su proceso de intervención y recuperación.
La psicóloga Raquel Vivanco explicó que muchas víctimas infantiles optan por guardar silencio porque sienten culpa o vergüenza tras lo ocurrido.
Según indicó, cuando a un niño se le enseña que debe cuidar su cuerpo, puede interpretar erróneamente que fue responsable de lo que le pasó.
Por ello, recomendó que los padres transmitan mensajes claros sobre el cuidado del cuerpo sin hacer que los menores se sientan responsables de las agresiones que puedan sufrir.
Además, pidió estar atentos a señales de alerta como cambios bruscos de comportamiento, ansiedad, aislamiento o rechazo repentino a asistir al colegio.
Raquel Vivanco advirtió que calificar a un niño como “abusador” sin una evaluación especializada puede tener consecuencias negativas en su desarrollo emocional y conductual.
La psicóloga explicó que el cerebro infantil aún se encuentra en proceso de formación y que este tipo de estigmas puede influir en la construcción de su identidad.
Por ello, sostuvo que, en casos de presunto abuso entre menores de edad, es indispensable evaluar de manera individual a cada niño involucrado para identificar los factores que pudieron originar la conducta y brindar la intervención psicológica adecuada.
Raquel Vivanco enfatizó que la educación sexual integral debe abordarse desde la infancia tanto en el hogar como en las instituciones educativas.
La especialista lamentó que este tema continúe siendo un tabú para muchas familias y colegios, lo que dificulta que los niños identifiquen y comuniquen situaciones de riesgo.
Asimismo, recomendó fomentar la empatía, escuchar con atención cualquier señal de alerta y no minimizar las denuncias o inquietudes de los menores.
Finalmente, exhortó a los centros educativos a implementar protocolos de prevención, detección y atención temprana, sin esperar a que ocurran hechos graves para actuar.